Estrés

Estrés

El estrés, concepto que es usado de manera coloquial para describir diversos malestares físicos y emocionales que afectan nuestro desempeño en diversos aspectos de la vida, como son: las interacciones con lo demás y el afrontar las circunstancias del mundo que nos rodea.

Entendiendo el estrés como aquella reacción que nuestro cuerpo tiene ante la demanda o desafíos propios de la cotidianeidad, y que prepara al individuo para enfrentarlos segregando hormonas que alertan a nuestro cerebro, tensiona los músculos e incrementa nuestro pulso para estar listos y enfrentarlos.

Reconozcamos que esta reacción fue naturalmente desarrollada en el ser humano, como un mecanismo de supervivencia desde etapas muy tempranas de la evolución de la humanidad, etapas en donde esas amenazas eran en su mayoría palpables, como podría ser el ataque de animales salvajes, inclemencias del clima, etc., y en donde el estrés fungía como un elemento sustancial para sobrevivir.

Conforme las sociedades han ido evolucionando, incluyendo aspectos como: mayor número de población que han propiciado ciudades sobrepobladas y en donde la contaminación ambiental, la violencia y la indiferencia entre personas ha venido creciendo exponencialmente, llevándonos a un nivel de “evolución” en el “ser humano” que nos convierten en nuestro propio riesgo debido al individualismo exacerbado, generando la lucha de la supervivencia en donde el “más fuerte” será quien domine.           

El término de la o él “más fuerte” en la actualidad, es concebido para aquella persona que posee más bienes, más dinero, mejor posición social, más seguidores en redes sociales y quien se encuentre más a la moda; propiciando en muchas personas, un nivel de insatisfacción por lograr alcanzar esos estándares sociales que le permitan sentirse “seguros” al convivir en sociedad, llevándolos a asumir estilos de vida que afectan diversos aspectos, entre ellos el económico, social y familiar.  

Es aquí donde podemos identificar algunos de los detonadores del estrés, ya que las personas centradas en alcanzar dichos estándares podrán experimentar los signos propios del estrés, afectando nuestros pensamientos, sentimientos y comportamientos; tornándose inquietos, ansiosos, irritables; presentando problemas para conciliar el sueño, experimentando tristeza, niveles de automotivación bajos. Igualmente, a nivel físico se puede experimentar dolores de cabeza, tensión muscular, fatiga, cambios en el deseo sexual, molestias estomacales, dolores de pecho.

Así mismo, como una consecuencia de un mal manejo del estrés, este se puede manifestar en comportamientos como: consumo de comida excesivo o por debajo de lo normal, consumo de tabaco, aislamiento social, alcoholismo o drogadicción.

Al ser una reacción naturalmente desarrollada por nuestro organismo ante circunstancias amenazantes, podemos identificar dos tipos principales de estrés:

Estrés agudo, es tipo de estrés, tiene su aparición en cortos períodos y se manifiesta ante situaciones peligrosas, por ejemplo: alguna pelea, una contingencia automovilística en donde hemos reaccionado de improvisto. El estrés, entonces se manifiesta como un mecanismo que nos permite protegernos en esas circunstancias.

El estrés crónico, se caracteriza por una duración más prolongada en el tiempo; algunas circunstancias que pueden provocarlo son: las dificultades económicas, problemas maritales, problemas laborales, incluyendo conflictos internos en donde se percibe una insatisfacción por no alcanzar los estándares requeridos por la sociedad.

Este último tipo de estrés es el que más afecta a nuestro cuerpo, ya que al ser un estado que se manifiesta de manera prolongada, daña nuestro cuerpo, siendo algunas de sus manifestaciones: la hipertensión, insuficiencia cardiaca, la diabetes mellitus, obesidad, depresión, problemas de la piel, problemas menstruales; e incluso se ha mencionado la posibilidad del desarrollo de algunos tipos de cáncer.

Como podemos observar, el tema es muy amplio y puede estudiarse desde de diversos enfoques, pero entonces: ¿Qué hay sobre su manejo?, ¿Qué podemos hacer ante este problema de salud?

Siendo el estrés una respuesta automática física, mental y emocional a un evento que representa un peligro o dificultad en nuestras vidas, el primer paso (como en la mayoría de los procesos para corregir algo) es reconocer el problema, ¿Cómo?, identificando los signos y síntomas que experimentamos y contrastarlos con la realidad objetiva que enfrentamos.

Cabe mencionar que el estrés puede representar un elemento positivo para nuestra vida, por el poder que tiene para activarnos y ponernos alertas, por lo que reenfocándolo positivamente, éste nos puede conducir a un crecimiento, que permitirá llevarnos a una activación para el cambio. Para ello podemos utilizar algunos enfoques para su manejo, como son:

 

  • Desarrollo de habilidades de aprendizaje, llevando a cabo ejercicios de jerarquización de problemas o retos que superar, priorizando las tareas, generando un plan de acción realista y determinar tiempos específicos para su realización.

 

  • Aumentar nuestra capacidad para enfrentar las adversidades; el hacer consciente nuestras emociones y el cómo reaccionamos ante los problemas cotidianos de la vida, nos ayudará a aprender quienes somos, lo que nos ayudará a desarrollar el sentido del control interno, darle el significado adecuado a los eventos de la vida, que servirá para definir o redefinir el sentido de la vida; lo que derivará en sentimientos de optimismo.

 

  • Aprender y practicar técnicas de relajación. Actualmente existe una diversidad de actividades como el yoga, el tai chi, etc; así como técnicas de meditación, el mindfulness y ejercicios de concentración que permiten además de relajarnos, propician el autoconocimiento.

 

  • Socializar y/o mejorar las relaciones personales; punto igualmente importante en el que hacer con el estrés. Como seres sociales imprescindible aprender a relacionarnos en términos de igualdad, respeto, tolerancia y empatía, que nos lleven a generar saludablemente esos lazos tan necesarios en nuestro desarrollo personal.

 

  • Realizar ejercicio; fundamental para logar un equilibrio mente-cuerpo; este adaptado a nuestra condición física edad y posibilidades.

En conclusión, buscar el equilibrio en todos los aspectos de nuestra vida, propiciará que el estrés como un factor natural, coexista de manera saludable con nosotros para convertirnos en personas más efectivas al resolver los retos que día a día enfrentamos.

 

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